Milagro del esclavo mudo del criollo Matías de Meneses

Milagro del esclavo mudo del criollo Matías de Meneses

[agosto]

Diego José Hilaris Holt
Óleo sobre tabla (Medallón)
Ca. 1760–1778

Entre las obras representativas de la Sala de los Medallones del Museo de la Altagracia Alejandro E. Grullón E. se encuentra el «Milagro del esclavo mudo del criollo Matías de Meneses», una pintura atribuida al artista Diego José Hilaris Holt, considerada parte de una de las colecciones de arte religioso colonial más importantes de la República Dominicana.

Realizada entre 1760 y 1778, esta obra pertenece a la serie de medallones votivos que narran los milagros atribuidos a la intercesión de Nuestra Señora de la Altagracia. Estas pinturas constituyen un valioso testimonio de la profunda devoción mariana que caracterizó la vida religiosa del antiguo Santuario de Higüey y de la confianza que los fieles depositaban en la protección de la Virgen.

En la escena aparecen dos personajes arrodillados ante la imagen de Nuestra Señora de la Altagracia. Según la tradición, el medallón representa el milagro concedido al esclavo mudo del criollo Matías de Meneses, quien recuperó el habla por intercesión de la Virgen. La composición transmite un profundo sentido de oración, gratitud y esperanza, valores que han acompañado durante siglos la espiritualidad del pueblo dominicano.

Más allá de su calidad artística, esta pintura posee un extraordinario valor histórico. Los medallones de Diego José Hilaris no solo documentan milagros y expresiones de fe, sino que también ofrecen una mirada a la sociedad colonial, reflejando personajes, costumbres y prácticas religiosas que formaban parte de la vida cotidiana en la isla durante el siglo XVIII.

El marco tallado, inspirado en el estilo Luis XVI, complementa la riqueza estética de la obra y resalta su carácter devocional. Cada detalle fue concebido para invitar al fiel a la contemplación y recordar que la Virgen de la Altagracia ha sido, desde hace siglos, signo de esperanza y consuelo para quienes acuden a ella con confianza.

Hoy, este medallón se conserva en la Sala de los Medallones del Museo de la Altagracia, donde continúa transmitiendo la memoria de los favores atribuidos a la intercesión de la Madre Protectora del pueblo dominicano. Su contemplación permite comprender cómo el arte sacro fue también un medio para preservar la historia de la fe y fortalecer la identidad espiritual de generaciones de peregrinos y devotos.

Le invitamos a visitar el Museo de la Altagracia y descubrir esta y otras obras que forman parte del patrimonio artístico, histórico y religioso de la República Dominicana.