Higüey, La Altagracia – 21 de enero 2026

El pasado 21 de enero se celebró con solemnidad la Santa Misa en honor a Nuestra Señora de la Altagracia, Madre y Protectora del pueblo dominicano, en la Basílica Catedral que lleva su nombre. La Eucaristía fue presidida por Monseñor Jesús Castro Marte, obispo de la Diócesis de Nuestra Señora de la Altagracia, y contó con la presencia de autoridades nacionales, miembros del cuerpo diplomático, fieles locales y peregrinos provenientes de distintas partes del país y de la diáspora.

Durante su homilía, Mons. Castro Marte destacó que esta festividad es fuente de profunda alegría y unidad para el pueblo dominicano, tanto dentro como fuera del territorio nacional, reafirmando la devoción a la Virgen de la Altagracia como un elemento esencial de la identidad espiritual, cultural y educativa de la nación.
El obispo recordó además la importancia histórica del Santuario de Higüey, señalando que el primer santuario mariano edificado en América fue el de la antigua iglesia de San Dionisio, y subrayó que más de un millón de personas visitan anualmente este lugar de peregrinación, testimonio vivo de una fe que ha perdurado por siglos desde los inicios de la evangelización en el continente.

Al reflexionar sobre la Palabra de Dios, Mons. Castro Marte hizo referencia al anuncio del profeta Isaías y al nacimiento del Emmanuel, vinculando este mensaje con la figura de la Virgen María, modelo de humildad, obediencia y disponibilidad al plan de Dios, virtudes que exhortó a vivir especialmente en contextos de incertidumbre y desafíos sociales.
Uno de los ejes centrales de la homilía fue el fortalecimiento de la familia dominicana, por la cual se elevó una oración especial. El obispo llamó a protegerla como célula fundamental de la sociedad, promoviendo valores, creencias y tradiciones que sirvan de sustento moral frente a ideologías que puedan debilitar su estructura y misión.


Asimismo, Mons. Castro Marte abordó con sensibilidad la realidad del sistema penitenciario dominicano, señalando las dificultades que enfrentan especialmente los presos preventivos, y exhortó a buscar soluciones justas y humanas dentro del marco legal que garanticen condiciones dignas y procesos judiciales adecuados.
Finalmente, el obispo hizo un firme llamado a cultivar una cultura de honestidad, transparencia y justa distribución de los recursos públicos, subrayando que solo mediante instituciones íntegras y comprometidas con el bien común se podrá responder eficazmente a los desafíos sociales y construir un futuro más justo para todos.

La celebración concluyó en un ambiente de fe, esperanza y renovación espiritual, reafirmando a Nuestra Señora de la Altagracia como guía y protectora del pueblo dominicano, y como símbolo vivo de unidad, compromiso y amor al prójimo.