Óleo sobre lienzo del siglo XVIII, de autor anónimo perteneciente a la Escuela Cuzqueña (Perú), que presenta el tema iconográfico de Las dos Trinidades.
La obra representa, en un mismo plano simbólico, la Trinidad terrenal —María, José y el Niño Jesús— y la Trinidad celestial —Dios Padre, Dios Hijo y el Espíritu Santo—, estableciendo un profundo diálogo entre lo humano y lo divino.
El cuadro se caracteriza por la sobria belleza propia de la escuela cuzqueña, visible en el alargamiento de las figuras, la libertad en el manejo de la perspectiva y la abundancia de elementos simbólicos, recursos que refuerzan su mensaje teológico y devocional.
Esta pieza constituye un valioso ejemplo del arte sacro colonial latinoamericano y se distingue por su riqueza iconográfica y espiritual.